Entre la literatura y la filosofía

miércoles, 14 de enero de 2015

El investigador improvisado: la caminata en el día equivocado


Tuve miedo de seguir. El camino se mostraba solitario, el río a mi izquierda estaba calmo, el campo, como de costumbre, normal. Todo como todos los días. Sin embargo, algo como una advertencia me instó a parar, a darme la vuelta y volver a casa. El tiempo que pasó desde la primera intuición hasta la decisión fue muy breve. Nosé cuántos segundos, pero sólo segundos. Sin embargo, fue suficiente para tomar la decisión equivocada.

sábado, 13 de abril de 2013

El Gaurdián


El cerro Azul se encuentra ubicado al norte de Cipolletti. Se debe pasar el conocido paraje “el 30” y caminar unos 15 o 20 kilómetros. Llegar al treinta no implica dificultades, pero continuar el camino con esa cantidad de kilómetros por recorrer a pie puede resultar angustiante. Una vez caminé 45 kilómetros. Me encontraba en una peregrinación hacia Paso Córdoba. ¡Se puede! Sin embargo, caminar en la meseta patagónica, de noche, sin nadie que te acompañe es definitivamente otra cosa. Me hice fuerza a mí mismo, me animé y partí.


Dos cosas impactaron mi espíritu: la cercanía de la luna y el silencio de todo elemento producido por un ser humano. Disfrutaba. ¡Qué placer! Entre tanta tierra pisada me había olvidado que significaba caminar sobre piedras. Mi olvido se hizo memoria al toparme con ellas. A esas horas, 3:55 am, la caminata parecía eterna y las piedras pinchaban, molestaban. Ellas hacían que dirigiera mi mirada hacia abajo. No podía ver el norte. Algo o alguien me susurró levanta la cabeza. Así lo hice y ahí estaba el cerro. Todo lo caminado se había borrado. El cerro Azul plantado como vigía parecía extenderme sus brazos para darme la bienvenida.


4:55 am. Las estrellas adornaban el lugar y el Azul majestuoso se embellecía de universo. Escalé. No como lo hacen los verdaderos montañistas que se entrenan para treparse a las alturas más elevadas. Mi meta estaba a unos pasos, porque el Azul era amable y te permitía ascender sin grandes entrenamientos. Avanzaba y la historia geográfica parecía manifestarse con sus posibilidades. Aquella grieta, ese surco, una huella. Parecía un terreno que fue caminado por animales, por lagos o por ríos. Tiempos pretéritos, hoy, solo espinas, piedras y arena. Tal vez alguna víbora.


En la cima descargue mi mochila, comencé a preparar el fuego. Me disponía a esperar, con unos mates, al amanecer y a Cayucán. Los antiguos pobladores habían legado la historia. Cayucán fue el valiente cacique que de noches protegía a su pueblo Mapuche de las tropas del ejército Argentino. Su vida transcurrió como criminal, el más buscado. Su misión lo despojó de sus bienes, de sus hijos y de su amada. Consideró que la salvación de la lengua, las enseñanzas de la cultura era su motín al cual había consagrado su vida. El ejército no lo enjuició. A penas vieron la oportunidad lo acribillaron. Cortaron sus orejas y raparon su cabellera. Fue robado y desaparecido.


Los pobladores antiguos no están seguros, pero al parecer el cuerpo de Cayucán desapareció. A los del ejército se les esfumó el trofeo. Muchos afirmaban que quisieron borrar la memoria de tan terrible criminal pero la misión del cacique era tan poderosa que Cayucán revivió y escapó. Al parecer, según los pobladores antiguos, retorna como vigilante el primer amanecer de otoño. Desde el cerro Azul busca su motín tan preciado.


Yo descreí, como generalmente hago, de los antiguos pobladores. Quise comprobar el retorno de Cayucán y demostrar la mentira. Ahí estaba, valiente, con mates, por si la dudas. Mari mari.- Me di vuelta con una atragantada de mate, y estaba detrás. Perdón no le entiendo dije con aire de miedo, de respeto, de no sabía que cara poner. No te preocupes –me dijo – mi nombre es Cayopay, vengo a esperar a Cayucán. Vos quién sos? – Yo soy Camilo, vine para ver que no era cierto lo de Cayucán. Pero me parece que hubiera querido que fuera verdad. Y Ud ¿Qué hace por estos lados? – Trabajo de sereno: estamos cerca de un pozo petrolero. Me gusta visitar al cerro Azúl. Las estrellas parecen más cerca, y la leyenda parece que se hace verdad cuando estoy acá.


Nuestra conversación pasó. Pero yo sentí que me agradaba aquel hombre. La mañana nos alcanzó. Tuve que regresar. La pasé lindo aquella noche. Aquellas horas pasaron a formar parte de los lindos recuerdos que tengo. Un año más tarde, exactamente el 19 de Marzo del 2011 a las 5:40 am me encontraba con insomnio. Recordé el nombre Cayopay. A las 10:00 am me encontré con mi novia que estudia mapuche y le pregunté - ¿qué significa Cayopay? – Ella respondió: “llegó disfrazado”.



sábado, 23 de junio de 2012

Misterio en el Bar: Segunda Parte


 El detective estatal Richard Camacho amaneció en un bar sin saber por qué terminó allí. Su estado físico era deprimente tanto que sus allegados no lo reconocieron a simple vista. 

Si queres leer la primera parte hace clik aquí

En la segunda parte del misterio en el Bar Camacho recordará gracias a la Oficial López una misteriosa llamada.

el misterio continúa... 

jueves, 21 de junio de 2012

El Inmortal

El cerro Azul se encuentra ubicado al norte de Cipolletti. Se debe pasar el conocido paraje el 30 y caminar unos 15 o 20 kilómetros. Llegar al treinta no implica dificultades, pero continuar el camino con esa cantidad de kilómetros por recorre a pie puede resultar angustiante. Una vez caminé 45 kilómetros. Nos enctrábamos en una peregrinación hacia Roca o mejo Paso Córdoba. ¡Se puede! Sin embargo, caminar en la meseta patagónica, de noche, sin nadie que te acompañe es definitivamente otra cosa. Me hice fuerza a mi mismo, me animé y partí.
Dos cosas impactaron mi espíritu: la oscuridad iluminada por la luna y el silencio de todo elemento producido por un ser humano. Disfrutaba. ¡Qué placer! Entre tanta tierra pisada me había olvidado que significaba caminar sobre piedras. Pero, mi olvido se hizo memoria al toparme con ellas. A esas horas, 3:55 am, la caminata parecía eterna y las piedras pinchaban, molestaban.

jueves, 8 de marzo de 2012

Una mujer en su día internacional: mi suegra

El desierto patagónico en la provincia de Río Negro es el habitat natural de las leyendas patagónicas. La franja menos habitada de la provincia, es reconocida como “la línea sur”. Una línea con el oriente pintado de azul mar y el occidente con nieve, montañas y lagos. El espacio medio, el desierto con parajes sueltos, aquí, allá; por ahí.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Recuerdos Navideños

La navidad no es cualquier fiesta, no se trata de unicamente un momento de celebración con la familia. No es el día de consumo por excelencia. La navidad es “la encarnación de Dios Nuestro Señor”. El nacimiento de Jesús es uno de los misterios más importantes en la historia de la salvación. La intención de este artículo es traer a la memoria de varias personas una figura, una imagen que con-mueve. Nos impulsa a ejercitar la caridad, nos empuja a reconocer en el otro a Cristo Señor Vivo y Resucitado.





jueves, 22 de diciembre de 2011

Carrera de Bicicletas

La vida cotidiana del barrio parece cobrar una importancia máxima en la niñez. Todo es ahí. Los juegos, las peleas, el picado, mentiras y encubrimientos. Porque la patota está ahí y sos vos. Los pibes que te dicen "no seas cagón", "dale si no te va a pasar nada". Te dicen esas cosas para que no falte nadie, o al menos así te suenan y te lo hacen creer. Pibes.
Hace ya treinta años, un poco menos o un poco más, da igual, la tecnología no nos había invadido tanto como hoy (2011). A penas televisor teníamos. El nuestro, por supuesto, era blanco y negro. El tele a color lo tuvimos cuando ya eramos grande. Después llego el teléfono fijo, y cuando terminaba el secundario, se escuchaba hablar de internet y aparecieron los celulares. Estas tecnologías eran tan nuevas, que no faltaba uno que te viera con el "ladrillo" de celular y te dijera: "ah buena". Era sorprendente. En fin la tecnología, por suerte, nos llego después de ser los pibes.
Este relato que te cuento se vuelve a la época de los juegos afuera. Del ensuciarse, romperse la nariz, quebrarse, volver llorando a casa o el volver corriendo para volver a salir, porque el vecino te había invitado a cenar. En ese tiempo yo tenía una bicicleta, la primera.
Era roja, tenía rueditas, estaba nueva. El día más importante fue cuando le sacamos las rueditas. Empezó la experimentación de andar como un grande, como los que saben. Ir a dar la vuelta a la manzana, después ir a comprar, ir a la casa de los tíos. Todos destinos que eran triunfos. Cada uno bien ganado. Una vez hice el recorrido que yo quise. Agarré para atrás de casa, gire para la circunvalación, y cerca de la casa del "condorito" me mordió un perrucho de porquería. Qué desafío. El tobillo sangrando, y al hospital para la inyección.
Todo un logro, hacer con la bicicleta lo que quería. Así, con toda mi habilidad, los grandes del grupo me vieron apto para participar en la carrera de bicis. Se trataba de dar una vuelta a la manzana, ahí donde está el gimnasio. Muy emocionante. La pista había sido estudiada previamente por todos los competidores. Se debía partir de la casa de Raninqueo, recta de 150 mts con dos obstáculos. El primero contaba con arena suelta en la vereda que lo hacía muy resbaladizo. El segundo era un pozo hubicado en la esquina de P. Boudler y Ecuador junto al nicho de gas, al cual había que  saltar con las dos ruedas. Inmediatamente curva a la izquierda. Recta de 100 mts con lomita, curva a la derecha, y el terreno cambiaba de asfalto a piedra, de esa finita. Se pasaba la guardería y el jardín y otra curva a la izquierda. Últimos 150 mts hasta los Raninqueo.
La asamblea de los competidores determinó que a la pista le faltaba algo. Los últimos metros estaban pelados. El "sapo" tuvo la idea. Montamos una rampa. Laburamos como una hora. Trajimos tablas, ladrillos,  y mucho barro para hacer la "montañita". Todos la probamos andaba espectacular. Así que los 150 mts finales se dividieron en 100 mts de recta con rampa e inmediatamente curva a la derecha y 50 mts para la meta final.
Los competidores eran: Marcelo Raninqueo, Ariel Ortiz, Carlo "el sapo" Ortíz, Pablo Nuñez, Fabián Raninqueo, Luis Lopez,  Javier Calvo, Ricardo Calvo, el "coli", el "cachi" y yo "el colo". Cada uno con su bici. Estaban las grandotas, con guardabarro y canasto. Las todo-terreno, las montainbike y la mía (la roja con timbre). Todas tenía el efecto sonoro de los vasitos de yogurt cortados en rectangulos y puestos entre los rayos de las ruedas.
Largamos. Adrenalina pura. Quería ganar. Me pare en los pedales para acelerar, y puse mi concentración en el triunfo. El ruido era impresionante, había hinchada, estaban las chicas del barrio. Primer obstáculo las arena suelta sobre el cemento. Pablo que iba a mi derecha me pasa, se pone justo adelante mío, aprieto el freno y me equivoco, apreté el de la rueda de adelante. Caí de trompa. Apenas 50 mts y ya estaba último. Me levante sin miedo, otra vez parado en los pedales para acelerar.
Veía que el pelotón. estaba por saltar el pozo de la esquina. Le metí y lo salte, me volvió el orgullo otra vez. Pero cuando doble vi que el pelotón ya estaba en la otra curva.  Me vino un pensamiento. Nadie me ve. Frené. Le saqué la cadena y seguí caminando. Mi orgullo me había dicho, que crean que tuviste otros inconvenientes para competir. Segui caminando luchando con la conciencia y el orgullo. Ya no escuchaba nada. Hice la tercera recta con la bici a mi lado, pase la guardería, pase el jardín. En el silencio de mi vergüenza buscaba la mejor cara para que no me cayeran todas las burlas.
La sorpresa, todos estaban en la rampa. El "sapo" que iba ganando, estaba en el piso. Los otros, todos reían. El sapo se levantó y se río. Llegue al grupo y nadie se dio cuenta que era el último. Todos contaban como lo habían visto volar al "sapo" como superman. Ese accidente escondió mi vergüenza. ¡Qué carrera!