Entre la literatura y la filosofía

sábado, 13 de abril de 2013

El Gaurdián


El cerro Azul se encuentra ubicado al norte de Cipolletti. Se debe pasar el conocido paraje “el 30” y caminar unos 15 o 20 kilómetros. Llegar al treinta no implica dificultades, pero continuar el camino con esa cantidad de kilómetros por recorrer a pie puede resultar angustiante. Una vez caminé 45 kilómetros. Me encontraba en una peregrinación hacia Paso Córdoba. ¡Se puede! Sin embargo, caminar en la meseta patagónica, de noche, sin nadie que te acompañe es definitivamente otra cosa. Me hice fuerza a mí mismo, me animé y partí.


Dos cosas impactaron mi espíritu: la cercanía de la luna y el silencio de todo elemento producido por un ser humano. Disfrutaba. ¡Qué placer! Entre tanta tierra pisada me había olvidado que significaba caminar sobre piedras. Mi olvido se hizo memoria al toparme con ellas. A esas horas, 3:55 am, la caminata parecía eterna y las piedras pinchaban, molestaban. Ellas hacían que dirigiera mi mirada hacia abajo. No podía ver el norte. Algo o alguien me susurró levanta la cabeza. Así lo hice y ahí estaba el cerro. Todo lo caminado se había borrado. El cerro Azul plantado como vigía parecía extenderme sus brazos para darme la bienvenida.


4:55 am. Las estrellas adornaban el lugar y el Azul majestuoso se embellecía de universo. Escalé. No como lo hacen los verdaderos montañistas que se entrenan para treparse a las alturas más elevadas. Mi meta estaba a unos pasos, porque el Azul era amable y te permitía ascender sin grandes entrenamientos. Avanzaba y la historia geográfica parecía manifestarse con sus posibilidades. Aquella grieta, ese surco, una huella. Parecía un terreno que fue caminado por animales, por lagos o por ríos. Tiempos pretéritos, hoy, solo espinas, piedras y arena. Tal vez alguna víbora.


En la cima descargue mi mochila, comencé a preparar el fuego. Me disponía a esperar, con unos mates, al amanecer y a Cayucán. Los antiguos pobladores habían legado la historia. Cayucán fue el valiente cacique que de noches protegía a su pueblo Mapuche de las tropas del ejército Argentino. Su vida transcurrió como criminal, el más buscado. Su misión lo despojó de sus bienes, de sus hijos y de su amada. Consideró que la salvación de la lengua, las enseñanzas de la cultura era su motín al cual había consagrado su vida. El ejército no lo enjuició. A penas vieron la oportunidad lo acribillaron. Cortaron sus orejas y raparon su cabellera. Fue robado y desaparecido.


Los pobladores antiguos no están seguros, pero al parecer el cuerpo de Cayucán desapareció. A los del ejército se les esfumó el trofeo. Muchos afirmaban que quisieron borrar la memoria de tan terrible criminal pero la misión del cacique era tan poderosa que Cayucán revivió y escapó. Al parecer, según los pobladores antiguos, retorna como vigilante el primer amanecer de otoño. Desde el cerro Azul busca su motín tan preciado.


Yo descreí, como generalmente hago, de los antiguos pobladores. Quise comprobar el retorno de Cayucán y demostrar la mentira. Ahí estaba, valiente, con mates, por si la dudas. Mari mari.- Me di vuelta con una atragantada de mate, y estaba detrás. Perdón no le entiendo dije con aire de miedo, de respeto, de no sabía que cara poner. No te preocupes –me dijo – mi nombre es Cayopay, vengo a esperar a Cayucán. Vos quién sos? – Yo soy Camilo, vine para ver que no era cierto lo de Cayucán. Pero me parece que hubiera querido que fuera verdad. Y Ud ¿Qué hace por estos lados? – Trabajo de sereno: estamos cerca de un pozo petrolero. Me gusta visitar al cerro Azúl. Las estrellas parecen más cerca, y la leyenda parece que se hace verdad cuando estoy acá.


Nuestra conversación pasó. Pero yo sentí que me agradaba aquel hombre. La mañana nos alcanzó. Tuve que regresar. La pasé lindo aquella noche. Aquellas horas pasaron a formar parte de los lindos recuerdos que tengo. Un año más tarde, exactamente el 19 de Marzo del 2011 a las 5:40 am me encontraba con insomnio. Recordé el nombre Cayopay. A las 10:00 am me encontré con mi novia que estudia mapuche y le pregunté - ¿qué significa Cayopay? – Ella respondió: “llegó disfrazado”.



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